El Gobierno de Canarias declara BIC el ‘Lomo de las Camellitas’ de Mogán y ‘El Molino del Conde’ de Telde en Gran Canaria

El lomo tendrá categoría de Zona Arquológica, mientras que el molino de gofio tendrá la categoría de Sitio Etnológico


CEEM. Caracas, 24-4-2018

El Gobierno de Canarias declaró este lunes Bien de Interés Cultural (BIC) y el ‘Lomo de las Camellitas’, situado en el término municipal de Mogán y el ‘El Molino del Conde’ de Telde, ambos en Gran Canaria.

La nota procedente del Gobierno ofrece las características de ambos y por qué fueron declarados Bien de Interés Cultural.

‘Lomo de las Camellitas’ de Mogán se ubica a lo largo del lomo o interfluvio denominado en la actualidad Tablero del Pocito, antes Morro de las Camellitas, sobre todo en el cantil que cae sobre el barranco de Veneguera, donde se ubican diversas manifestaciones asociadas a construcciones tradicionalmente denominadas murallas, así como algunas cuevas naturales de habitación.

El Gobierno ha valorado que la zona arqueológica está integrada por un conjunto de manifestaciones arqueológicas de muy distinta naturaleza que adquieren su pleno sentido histórico y patrimonial cuando son valoradas en conjunto.

A ello se añaden diferentes elementos etnográficos que marcan una continuidad del uso humano de este espacio y, que adquieren especial interés, teniendo en cuenta la muy progresiva implantación en esta zona de la isla del nuevo modelo económico, político y social instaurado a raíz de la conquista castellana de Gran Canaria.

A los elementos indicados se suman otros dos espacios arqueológicos localizados en el interior de la zona arqueológica con posterioridad. El primero de ellos está integrado por una estructura de tendencia circular de piedra muy derruida con presencia de material arqueológico en superficie y junto a la que se reconocen indicios de otra construcción bastante alterada.

El segundo de estos lugares es una cueva natural con presencia de material de filiación prehispánica en superficie (cerámica, fauna malacológica así como pequeñas lascas de obsidiana). La cavidad tiene varias aperturas y, aunque alcanza una escasa altura, es apreciable la presencia de relleno en su interior. Sobresale el emplazamiento, en un punto elevado del entorno y con una gran visibilidad.

Los criterios empleados para la delimitación de la zona arqueológica de Lomo de Las Camellitas obedecen tanto a la necesidad de incluir dentro de un espacio unitario e integrador al conjunto de manifestaciones patrimoniales presentes, como al hecho de hacer partícipe al territorio en la explicación y comprensión de estos bienes.

 ‘El Molino del Conde’ de Telde
‘El Molino del Conde’, ubicado en el municipio de Telde, en Gran Canaria es un molino de gofio y harina de carácter excepcional que, unido al estado de conservación de la estructura del edificio que albergó la industria, añade su valor histórico, su antigüedad y la especial estructura de molino vertical o de aceña, uno de los pocos existentes en Gran Canaria, por lo que tendrá la categoría de Sitio Etnológico, vinculando sus muebles y delimitando su entorno de protección.

El Ejecutivo considera que su reconocimiento mediante esta acción de protección debe enmarcarse, además, en un contexto mayor que toca varios aspectos de fundamental importancia como el didáctico-educativo, la creciente valorización del respeto al medio ambiente, el aumento de la demanda de turismo cultural e industrial como dinamizador económico, así como el interés de la ciudadanía por conocer e interactuar con su pasado.

El denominado Molino del Conde se encuentra situado en la calle Roque, del barrio de Los Llanos de San Gregorio, en el municipio de Telde, lugar históricamente conocido como Arnao, en alusión a uno de sus primeros propietarios, Antonio de Arnao. El Molino de El Roque participa, junto a la Noria de Jinámar, ya declarada Bien de Interés Cultural, de las innovaciones tecnológicas de la 2ª Revolución Industrial que, en materia de mecánica hidráulica, introduce su promotor Agustín del Castillo y Bethencourt en Gran Canaria y, Canarias en general, a mediados del siglo XIX.

Desde hace siglos este enclave fue escogido por el Heredamiento de Aguas de Telde para instalar la segunda caja de agua de las siete que distribuían el riego a los distintos cultivos. A esta cantonera, llamada Arnao, llegaban las aguas del Barranco Real.

La construcción del molino del Roque fue solicitada después del 10 de junio de 1829, cuando el cuarto conde de la Vega Grande de Guadalupe, Agustín del Castillo Bethencourt, se dirigió a la junta de la Heredad para solicitar la construcción de un molino a sus expensas, en donde llegaba la nueva acequia que la heredad estaba construyendo.

El objeto que perseguía Agustín del Castillo era atender las necesidades del vecindario y de sus propios trabajadores, así como dar salida, mediante la elaboración de harina y gofio a las producciones propias.

Durante mucho tiempo el molino de El Roque funcionó con la fuerza motriz hidráulica con dos pares de piedras que se movían por la propulsión del agua que corría por la vega mayor de Telde. La excepción de este molino, a diferencia del resto de los existentes en la isla de Gran Canaria, fue su sistema de molino vertical.

El edificio que alberga el Molino del Conde es de gran monumentalidad. Arquitectónicamente, su estado de conservación en general es bueno, derivado tanto de ser una obra de fábrica de traza historicista, que se observa en la calidad de su ejecución, y en la elección de los materiales empleados, soluciones de piedra y madera, como en el mantenimiento de la instalación. El exterior presenta diferentes fachadas, caracterizadas por líneas rectas bien definidas. Destaca la sobriedad del parámetro, proyectado a modo de fachada pantalla, sin ventanas, que no permite adivinar que en su interior se realice actividad industrial alguna.

El interior se encuentra, en general, en buen estado de conservación. Entre los bienes muebles vinculados cabe señalar la rueda hidráulica o aceña, la limpiadora, la tostadora, las ruedas dentadas, la cinta transportadora; y de los elementos mecánicos existentes en la sala de molienda.

La significación histórica de este inmueble se debe a que en Gran Canaria los molinos de agua se implantaron desde el primer momento, después de La Conquista, dada la necesidad de abastecer de pan a la nueva y cada vez más numerosa población. Se instalaron junto a las corrientes de agua, barrancos y acequias, para posibilitar el movimiento de las piedras trituradoras del grano. Su ubicación se inició en Las Palmas, Telde y Gáldar. Los primeros molinos estuvieron ligados a los ingenios azucareros, dada la necesidad que había de pan para atender a la población que trabajaba en estas haciendas, por lo que podemos decir que se contaba con tantos molinos como ingenios existían. No obstante, a medida que se avanzaba en la roturación de las tierras, y el cultivo de cereales en medianías y zonas costeras aumentó su número, fueron surgiendo los molinos harineros debido a la demanda social y como concesión propia de los heredamientos. Su necesidad e importancia queda recogida en el propio Fuero de Gran Canaria.

Foto: Gobierno de Canarias