La Fiesta de la Rama de Agaete, Gran Canaria, es declarada Bien de Interés Cultural

El Consejo de Gobierno aprobó el decreto para su declaración con la categoría de ‘Conocimientos y Actividades Tradicionales de Ámbito Local’


CEEM. Caracas, 2-4-2018

La Fiesta de la Rama de Agaete ha sido declarada Bien de Interés Cultural en el transcurso de la reunión de Consejo del Gobierno de Canarias realizada este lunes.

La Rama se celebra anualmente entre los días 3 y 4 de agosto, como parte integrante de las celebraciones en torno a la festividad religiosa de la Virgen de las Nieves en la Villa de Agaete, Gran Canaria y producto de su propia evolución histórica, se manifiesta formalmente en una serie de actos concatenados que le confieren buena parte de sus valores antropológicos, sociales e identitarios, en una dimensión que trasciende lo local.

En la fiesta intervienen diferentes elementos, como son los tradicionales papagüevos-gigantes y cabezudos que representan a personajes relevantes en la historia del municipio; también las farolas, las ramas, la música, entre otros. Desde agosto de 2010, la Villa de Agaete cuenta con un Museo de La Rama en el que se guardan y muestran todos estos componentes que recogen la evolución de la festividad y los principales personajes que participan.

El Consejo de Gobierno dio a conocer diferentes valores que fueron decisivos para la declaración de la Fiesta de la Rama de Agaete Bien de Interés cultural, tales como el profundo arraigo popular en las dimensiones local, insular e incluso fuera de la isla que la convierten en un referente fijo en el calendario anual para todos los grancanarios.

Otro elemento identificativo de esta fiesta es su carácter dinámico en un marco de pluralidad evolución cronológica del espacio festivo para adaptarse con éxito a todos los momentos y generaciones que la han hecho suya a lo largo de los siglos.  La Rama de Agaete se configura como un espacio inmaterial de comunicación intergeneracional, sirviendo de “rito de paso” entre la infancia y la madurez y en el que conviven todas las edades cumpliendo un mismo ritual.

Se trata de una fiesta inclusiva que ha logrado el justo maridaje entre lo pagano, representado por La Rama en sí, y la religiosidad propia de las fiestas en honor de la Virgen de las Nieves de la que forma parte.

Es también un acto de adopción del foráneo por parte de la dimensión local, configurándose una integración de tal suerte que durante la celebración no hay distinción real entre el natural de Agaete y el visitante, siendo todos los presentes “rameros”.

Por último, consideran que un fenómeno similar se produce en la dimensión social al convertirse la Fiesta de la Rama en un elemento igualador de clases y niveles socioeconómicos o culturales y también tomaron en cuenta la estrecha vinculación de la creación artística y cultural en el desarrollo de la festividad.

Estos valores configuran un paisaje cultural inmaterial único, profundamente arraigado en la mente colectiva y el imaginario del grancanario que trasciende con mucho su alcance local e insular para ampliar su área de influencia cultural al resto del Archipiélago y más allá por la vía del turismo.

Valoración histórica y antropológica (publicada por el Gobierno de Canarias)

Desde muy temprano en la historia de la postconquista de Gran Canaria, Agaete fue un importante centro productor de azúcar, existiendo al menos dos ingenios azucareros documentados. Así, a lo largo de los siglos XV, XVI y XVII la leña de pino, acebuche, almácigo, escobón y brezo procedentes de la zona alta del Valle de Agaete y pinar de Tamadaba se transportaba a través del Lance de Bisbique hacia los ingenios azucareros.

Cifras próximas al millón de kilos de leña anuales fueron frecuentes en las primeras décadas de la segunda mitad del siglo XVI y aún en 1595 se abastecía con 460.000 kilos. Por tanto, durante siglos es un hecho que el transporte de leña hasta la costa fue un acto regular propio de la historia de Agaete y la estampa de los acarreadores era habitual, generándose un imaginario colectivo y popular que marca una relación ancestral entre las comunidades del Valle y los recursos forestales de su cabecera –en especial el pinar de Tamadaba– a través de caminos para el transporte de leña, madera, carbón o pinocha.

Por otra parte, la costumbre de enramar las iglesias y calles en fechas de celebraciones a modo de decoración fue común en Canarias a lo largo del Antiguo Régimen. Este elemento festivo experimentó un proceso expansivo a partir de la segunda mitad del siglo XX con la proliferación de fiestas de la rama o bajadas de la rama en muchas localidades de la isla. No obstante, la Rama de Agaete es, sin duda, la más popular del Archipiélago y la que en su fisonomía y desarrollo tiene un carácter único que hace que su valor simbólico sea más amplio, dominante y que escape a los límites locales.