Lanzarote y Fuerteventura presentan las mayores concentraciones de microalgas causantes de ciguatera de Canarias

Los científicos han identificado cinco especies diferentes del dinoflagelado que produce la toxina causante de la ciguatera
CEEM. Caracas, 6-8-2017 Un nuevo trabajo publicado recientemente por científicos del Centro Oceanográfico de Vigo del Instituto Español de Oceanografía (IEO) revela que existen cinco especies diferentes de microalgas capaces de producir la toxina causante de ciguatera en Canarias y que Lanzarote y Fuerteventura son las islas donde mayor es su concentración. La nota de prensa del Instituto Español de Oceanografía (IEO) recoge que los investigadores han identificado cinco especies diferentes de dinoflagelados del género Gambierdiscus, capaces de producir toxinas que, transmitidas a algunos peces, causan el síndrome de la ciguatera, una enfermedad común en algunas zonas tropicales como el Caribe y la Polinesia y que suelen transmitirse tras consumir algunos peces carnívoros como la barracuda o el medregal. El estudio muestra que las islas más orientales tienen mayores concentraciones de las microalgas tóxicas. “Estas islas tienen una plataforma más extensa que las occidentales y eso podría afectar a la distribución de las microalgas”, explica Francisco Rodríguez, primer autor del artículo. Debido a la gran diversidad de especies del género Gambierdiscus encontrada en las islas Canarias, los científicos consideran probable que estas especies forman parte de una flora relicta de tiempos pasados cuando el clima en Canarias era similar al actual del Caribe, señala la información. “En principio, y en base a la temperatura del mar, Canarias no entraría en el área expuesta a la ciguatera, que se limita a los mares tropicales”, explican los científicos. “De esta forma, y aunque no puedan achacarse los actuales casos de ciguatera al cambio climático, es de esperar que con el aumento de las temperaturas del planeta la incidencia de estas microalgas en Canarias sea mayor en el futuro”, añaden. El estudio fue publicado en la revista Harmful Algae.