Las efemérides del árbol Garoé

CEEM.-3-4-2015
Antonio Álamo Lima. Viernes, 3 de abril de 2015

No hay fecha exacta del derrumbe del Garoé, Árbol Santo de los Bimbaches o Bimbapes, pobladores de la Isla de El Hierro antes de la llegada de los españoles. Unas fuentes hablan del año 1604 y otras de 1610, tampoco coinciden en el día exacto del que debió ser un terrible acontecimiento para los nativos quienes dependían de esas hojas que ordeñaban las nubes que lo envolvían, casi de forma permanente. Eso sí, todos sitúan el suceso en el mes de abril.

Se entiende que pasados más de 400 años haya confusión en los datos. Lo que resulta incomprensible es que no se sepa exactamente cuándo fue plantado el Garoé que ahora crece fuerte en Los Lomos del municipio de Valverde y que, como El Viejo, también exprime la bruma que lo cubre y desciende velozmente por el barranco. Unos autores hablan de 1949, otros de 1957 y algunos del año 1961.

Creo recordar que en la Bajada de la Virgen de Los Reyes de 1961, un grupo numeroso de vecinos de Valverde, previa convocatoria, nos reunimos en el Casino de la capital y de allí salimos en excursión caminado, pues en esa época no había carretera hasta el sitio, a sembrar el nuevo árbol.

Viene a mi memoria, que emprendimos una larga caminata o caminada para emplear un expresión más herreña que nos recuerda aquella expresión "Por ver a La Madre Amada, no siento la caminada".

Arbol Santo Garoe 1961

Algunos de los participantes en el acto de siembra del "Nuevo Garoé"

Llegamos al mítico lugar y, después de recuperar las fuerzas con unos apetitosos bocadillos preparados en nuestras casas, nos dispusimos a oír las exposiciones de algunos de los eruditos acompañantes que nos recordaban la historia del Garoé que es la historia de los aborígenes herreños.

Finalmente, dispuestos a la siembra, solo quedaba que previamente los asistentes al acto procediéramos a dejar plasmado el momento con nuestra firma en un documento que se introdujo en una botella que se depositó junto al "Nuevo Garoé", árbol, pequeñito en aquel momento, pero grande y robusto en la actualidad.

Esta fotografía, fiel prueba de la efeméride y “Joya del tiempo”, como diría Braulio Navarro, fue tomada posiblemente por el recordado Amadeo Ayala o por su hijo Ramón. Los Álamo la guardamos en Venezuela como oro en paño, porque en ella hay también grandes amigos, muchos ya fallecidos, que aparecen en la gráfica.