lun. Oct 14th, 2019

César Manrique, el artista lanzaroteño pionero en el respeto al medio ambiente

CEEM. Caracas, 3 de octubre de 2019
Antonio Álamo. Josefina Benítez

Pionero en la creación paisajística moderna y progresista desde el respeto al medio ambiente

Las Islas Canarias, las Afortunadas o el Jardín de Las Hespérides, como han sido denominadas durante la historia, ocho rocas enclavadas en el Atlántico, a 98 kilómetros del continente africano, siempre han sido cuna de grandes hombres y mujeres, desde antes de la conquista, durante la lucha por conservar los aborígenes su libertad, hasta fechas más recientes, en todas las ramas del saber y de otras actividades.

Artista desde la infancia

Uno de estos grandes hombres es César Manrique (1919-1992) quien este año hubiera cumplido el centenario de su nacimiento en Arrecife la capital de Lanzarote, la maravillosa Isla de los Volcanes, la más oriental y al norte del archipiélago, allí donde la rodea y protege el Archipiélago Chinijo, con su isla de La Graciosa, recién incorporada como la octava isla canaria. 

Manrique, el visionario y “Gran Arquitecto” de su patria chica y de las otras islas, nace un 24 de abril de 1919 con su hermana gemela Amparo. Desde pequeño “pintaba maneras” de artista plástico por su inclinación al dibujo, arte en el que pronto se inicia con la influencia de otro gran artista canario, Néstor Martín Fernández de la Torre.  La primera exposición de César tiene lugar en 1942, en el Cabildo Insular de Lanzarote, una muestra de paisajes y retratos de inspiración costumbrista. 

De Lanzarote al mundo

En 1945 se traslada a Madrid donde cursa estudios hasta que se gradúa en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando en 1950.

Continúa su preparación en París. En la Ciudad Luz entabla amistad con el genial Pablo Picasso, al que admiró siempre. Los murales creados por Manrique son muy apreciados. Destacan los que se encuentran el Parador de Turismo de Arrecife, aeropuerto de Lanzarote, cine Princesa de Madrid, Hotel Fénix y aeropuerto de Barajas en Madrid.  

En 1960 su arte viaja por Europa y América para participar en exposiciones en Oslo, Buenos Aires y Montevideo y la XXX Bienal de Venecia. También expone en Nueva York a en donde fija residiendo. En esos años 60 y desde la distancia en la ciudad de los rascacielos conforma el engranaje conjunto de la transformación paisajística a través de la adaptación de Lanzarote a su entorno. Un proyecto que había ideado desde la década anterior para la conservación del patrimonio y puesta en valor de su isla.

Propone la construcción de un museo de arte contemporáneo en el Castillo de San José, restaura el molino de Guatiza, hoy jardín del Cactus; culmina los Jameos del Agua y desarrolla el proyecto del Mirador del Río, la Casa Museo del Campesino, el Golfo y las Montañas del Fuego.

El paisajismo y la transformación de Lanzarote

A pesar de que hasta el final de sus días César se consideraba, sobre todo, pintor y afirmaba que de su pintura irradiaban sus emociones estéticas, gran parte de su existencia, especialmente durante los sesenta, setenta y ochenta del siglo XX, focaliza su atención en la arquitectura a través del paisajismo con jardines, miradores, rehabilitación de lugares abandonados y recreación de espacios naturales de Lanzarote. Realiza el auditorio de Los Jameos del Agua, culmina el Jardín de Cactus.  Rehabilita su nueva casa en Haría, en un tubo volcánico; diseña y construye las piscinas del hotel las Salinas en Costa Teguise.

Logra que la isla sea un auténtico espacio natural sin la presencia de objetos ajenos al entorno, casas blancas y verdes que contrastan con el color de la lava volcánica para convertir la isla en un remanso de paz al que llegan turistas de todo el mundo atraídos por el auténtico paisaje del oriente canario.

Naturaleza, tradición y progreso

Su creatividad va más allá de los límites de su pequeña isla. Crea el Mirador de La Peña en El Hierro, una obra de arte de incomparable belleza típica del paisaje de la isla del meridiano; también el Lago de la Costa Martiánez, el Parque Marítimo y Playa Jardín de Punta Brava en Tenerife; el Mirador de El Palmarejo, en Valle Gran Rey, en la isla de La Gomera. Además del centro comercial La Vaguada en Madrid y un parque en Ceuta inaugurado después de su muerte acaecida el 25 de septiembre de 1992, a la edad de 72 años, cuando fallece en un accidente de tráfico cerca de su casa, actual sede de la fundación que lleva su nombre, en Taro de Tahíche, municipio de Teguise

El amor por el paisaje, el compromiso social plasmado en sus obras, además de su discurso contra la destrucción del territorio y en favor del patrimonio natural y cultural del Archipiélago han convertido al artista lanzaroteño en un símbolo de la defensa del territorio y cultura de las islas. Hoy es un referente claro de quienes dentro de los avances socioculturales conservan su identidad.

César Manrique murió, pero su recuerdo imborrable permanece en su magnífica y prolífica obra.


Bibliografía
Centro de Cultura Popular Canaria. Primera edición: diciembre 2005. La enciclopedia de canarios ilustres. Arafo. España. Litografía A. Romero, SL.P 252-260