Pregón Fiestas de Candelaria en HCV de Caracas por Moisés Morera Marín

 Pregón completo

1. El oficio de pregonero es uno de los más nobles y más hermosos que siempre han existido, especialmente cuando uno ama lo que pregona. Pregonar es Publicar. Pregonar es hacer notorio en voz alta algo para que llegue a conocimiento de todos.

Pero pregonar es también alabar en público los hechos, virtudes o cualidades de alguien.

Esta misión que yo tengo encomendada hoy –sin duda desafiante, pero al mismo tiempo dulce y honrosa- tratará de acercarse a este último tipo de pregón, pero en mi caso, con un doble objetivo. De una parte, yo quiero vocear, proclamar, divulgar, enterar, encomiar, y ensalzar los hechos y virtudes de -nada más ni nada menos- que de la Madre de Dios, de nuestra madre, la Virgen María, en su advocación de la Virgen de Candelaria. Nuestra Morenita. Anunciarles el inicio de las fiestas de la Virgen de Candelaria pues se acerca el 2 de febrero y compartir con ustedes algunos apuntes sobre la presencia y veneración de La Candelaria en Venezuela. Y por otra parte, este encargo me permite poder manifestar públicamente, pregonar, mi devoción y mi amor por Canarias y por Venezuela, la tierra que me vio nacer, y la tierra que me acoge estos años con generosidad. Me permite divulgar mi lealtad a aquellas siete islas y mi cariño, apego y amistad a estas tierras venezolanas y a sus gentes, hermanadas por la historia hasta el tuétano, hasta el punto de no poder distinguirse quién es quién, de no poder aclararse dónde acaba el puerto de Santa Cruz de La Palma y dónde comienza el de la Güaira, hasta el punto de que nadie –y me atrevo a apostar- podría distinguir entre una arepa hecha en Tenerife y otra hecha en Los Teques.

Pregonar esos lazos de solidaridad, de interés mutuo, de paisanaje, esos nexos y nudos poderosos que hoy tenemos.

Y por supuesto proclamar mi compromiso con nuestras tradiciones, nuestras costumbres y nuestra cultura, con esta casa –el HCV- que contiene y guarda la esencia y la sustancia de la canariedad en Venezuela y con esos momentos que a lo largo del año –y de manera conjunta, como hoy- nos hacen sentir en nuestra isla de nacimiento.

Además de ser mi primer pregón, me cuentan que tengo el honor superlativo de ser el primer pregonero de estas fiestas, lo cual aumenta mi responsabilidad ante ustedes y ante la Virgen de Candelaria, pues no podré salir airoso de esta encomienda de cualquier manera. Este es el pregón que yo les quiero hacer.

Consejero cultural, Moisés Morera durante su intervención.           RB

Consejero cultural, Moisés Morera, durante su intervención. RB

2. De niño y joven en La Palma, tuve la suerte de escuchar bastantes pregones en las fiestas de los pueblos y sobre todo los grandes actos de las fiestas Lustrales de la Bajada de la Virgen de las Nieves.

Yo tocaba el clarinete en la Banda Municipal de Música San Miguel, de Santa Cruz de la Palma, por lo que siempre estaba –casi- en primera fila en estos actos. Y recuerdo que los pregones me llamaban poderosamente la atención por sus palabras grandilocuentes, su lenguaje excesivamente religioso y porque llegado un momento, se convertían en una oración a la Virgen y todos los allí congregados rezaban. Yo no les voy a hacer rezar hoy.

Junto a los pregones, se sucedieron en mi juventud loas marianas, palabras de los mantenedores de las fiestas, carros alegóricos y triunfales, y largas y soporíferas homilías de los arzobispos y hasta de algún cardenal invitado a La Palma en esas magnas fechas.

Yo me daba cuenta que el pregonero se convertía -luego de su pregón- en un personaje peculiar, propio, respetado y bien acomodado y atendido durante todas las fiestas y no se perdía un acto cívico, militar o religioso. Allí estaba junto al alcalde, al gobernador, al notario y al obispo Nivariense. Eso me hizo pensar que ser pregonero debía ser algo importante, pero no cualquier pregonero, sino el pregonero de La Virgen.

Hubo un pregón especialmente extraordinario, que busqué y releí con posterioridad y que para mí contenía el mejor compendio entre la riqueza laica de mis fiestas, la esplendorosa historia de mi ciudad y el fervor religioso a la Virgen, motivo alfa y omega de todo lo que sucedía esos días. Fue en julio del 2000.

D. Luis Cobiella Cuevas, uno de los grandes humanistas de Canarias de finales del siglo pasado y recientemente fallecido, definió las fiestas de la Virgen como “el más tierno y celeste de los secuestros” que Canarias y La Palma podían hacer a sus hijos y visitantes. En ese tiempo de fiestas, decía el pregonero: “la Virgen se hace gente, la gente se hace Virgen”.

3. Esa misma transfiguración ocurrió en Venezuela con la llegada de la Virgen de Candelaria a estas tierras. Así, Nuestra Virgen se hizo venezolana, los venezolanos amaron a nuestra Virgen.

Y en un acto magnánimo de generosidad, Canarias y los canarios emigrantes compartieron con los venezolanos lo más importante y lo único con lo que pudieron viajar –su Virgen protectora-.

Por su parte, los venezolanos, en otro gesto infinito, tornaron las puertas de su país a aquellos canarios. Por lo tanto, fue la Virgen de Candelaria quien se convirtió en la llave maestra que abrió esas puertas venezolanas a los canarios, como siempre ha hecho La Virgen a lo largo de la historia. Los orígenes de la llegada de la advocación mariana de la Virgen de la Candelaria a estas tierras se remontan al último tercio del siglo XVII, en la que un considerable número de familias de origen canario se desplazan a Venezuela. Estos nuevos colonos difundirán por todos los lugares que se asientan el culto y amor a su Patrona. Según la leyenda, La Candelaria -la Patrona de Canarias- se apareció en torno a 1390 en las playas del sur de Tenerife, a los primitivos habitantes, los guanches. Fusionado con elementos sincréticos propios de la religiosidad aborigen, la devoción a la Candelaria, se expandió por el sur de Tenerife con anterioridad a la conquista, lo que facilitó y llevó a los bandos tribales de esa zona a su inclusión entre los partidarios del conquistador, Alonso Fernández de Lugo. Luego, el culto a la Candelaria se difundió por las siete Islas Canarias. El conjunto de los inmigrantes isleños llevarían a América a la Candelaria como seña de identidad. La razón es obvia, en primer lugar, por ser la Virgen más extendida por toda la faz insular y, en segundo lugar, por constituir la emigración tinerfeña la mayoritaria al ser la isla más poblada. El predominio de la migración tinerfeña en Venezuela contribuirá también a la expansión del culto a la Candelaria en el país. Un amplio número de familias, con una elevada participación y presencia de las mujeres, traerá consigo una consolidación y permanencia de los lazos culturales de esa migración canaria que llega a superar el 70% de los inmigrantes blancos en Caracas. De esta manera, tras más de tres siglos de presencia y devoción a la Virgen de Candelaria en Venezuela, hoy celebramos el décimo aniversario de la llegada de la Virgen –bajo esta advocación- al HCV de Caracas. Hace 10 años, un grupo de devotos canarios residentes en Caracas –algunos de ellos presentes hoy aquí- lograban que varias instituciones religiosas y civiles tinerfeñas enviaran una bella talla de la Virgen de Candelaria que calmó levemente la permanente insatisfacción del emigrante, quien se siente melancólico por su tierra, pero que se identifica con su patria de adopción. El 2 de febrero de 2004 se entronizó y bendijo la imagen de la Virgen de Candelaria, que hoy podemos adorar en la capilla de este Hogar Canario, junto a las otras 6 vírgenes patronas insulares, para gran satisfacción, regocijo y alivio espiritual de toda la comunidad.

4. Pregonar mi amor por Canarias y por Venezuela es infinitamente más fácil que hablarles del respeto, gratitud y devoción que siento por la Virgen de Candelaria.

Canarias, es un lugar no comparado con ningún otro. La Palma, mi isla, como decimos los palmeros, es la mayor lotería que he podido ganarme. Luego me saqué otra, Paula.

Recuerdo una vez en México que le contaba a un amigo: “en mi isla, tenemos una gran variedad de...” Me interrumpió con sorpresa y casi me grita: ¿tienes una isla? eres un pinche magnate o qué? Yo me reí mucho y pero luego me di cuenta que sí, que yo poseo una isla, y no solo una, sino 7, y sí, soy muy rico, soy un pinche privilegiado, -como diría mi amigo- pues poseo las bellezas naturales más impresionantes del planeta, el pueblo más noble de esas latitudes y una herencia histórica y cultural de primer orden.

Mi ciudad, Santa Cruz de La Palma, fue el tercer puerto del Gran Imperio español, junto con Sevilla y Amberes. Tuvo luz eléctrica el mismo año que Nueva York y fue sede del primer Juzgado de Indias, por recordarles algunas cosas que ya sabían. Me llena de orgullo.

Así es como nos sentimos los palmeros y los canarios, dueños de una tierra, poseedores de un paraíso, propietarios de una historia singular, amos de una gran cultura.

Y los que no se sientan así deben reflexionar y ver qué les pasó en el camino, porqué esa desafección, pues insisto, somos privilegiados por haber nacido en Canarias y por tener esa tierra como referencia vital.

Todos ustedes -o vuestros padres- decidieron venir a estas tierras, forzados por las duras circunstancias, dejando atrás, la cuna, la familia y parte del corazón. Esto ha convertido a ustedes, en Canarios de primera categoría, en los mejores canarios, pues nadie en aquellas tierras ha llorado tanto por Canarias como ustedes, pues pocos allá han entregado –literalmente- sus vidas y las de sus hijos por mejorar aquello y por sembrar ésto por una vida mejor, aunque no siempre fuera así.

Me encontré con Venezuela desde niño y mucho antes de pisarla. Tanto por parte materna como paterna tengo tíos que tuvieron que emigrar, pues estaban atenazados por la pobreza.

Las familias sufrieron, se partieron, lloraron. Niños de 15 y 16 años decidieron –empujados finalmente por los primos y los amigos- meterse a lo loco en barcos peligrosos, incluso en los llamados barcos fantasmas, y arriesgar sus vidas.

Años después comencé a verlos llegar a La Palma cada cierto tiempo. Sin duda era la fiesta más importante del verano. Al tío Evelio y al tío Álvaro íbamos todos a recibirlos al aeropuerto. Era el acontecimiento. 20 o 30 familiares bajaban al aeropuerto y se peleaban para ver en qué coche los subían.

Luego comenzaban las comidas, las parrandas, las excursiones por la isla, las fiestas en los pueblos en los que ellos siempre pagaban los churros y los refrescos, los cuentos sobre la situación en Venezuela, el muestrario de cadenas y pulseras de oro que llevaban para vender que mi madre y las tías veían pero que no podían comprar, aunque algún año se hizo un esfuerzo….

Eran unas semanas que giraban en torno a ellos. En torno a los indianos. Cuando -más ocasionalmente- iban las primas y los primos el dispositivo aumentaba, pues eran las bellezas venezolanas y los primos ricos quienes nos visitaban. Había que agasajarlos con todo.

Esa era la Venezuela que yo tenía en mi cabeza y la que comencé a querer. Guardo aún unos bolívares que me regaló mi tío Clemente Marante a la salida de un restaurante en Los Llanos de Aridane. Yo sentí que me había regalado el último pedazo de oro de América Latina.

En 1996 pisé por primera vez la Güaira, a bordo de un avión de Viasa. Me enamoré de todas las azafatas. Y descubrí un gran país, un pueblo noble, trabajador y a unos canarios enamorados de sus dos tierras. Visité mucho esta casa junto con mi tío Evelio. Mientras él jugaba al dominó yo me tomaba unos rones y escuchaba las historias de los abuelos, de los palmeros que emigraron con una mano adelante y otra atrás, de tinerfeños, herreños y gomeros que dieron su vida por Canarias y por Venezuela. Escuché muchas historias felices y también otras tristes.

En ese viaje me sentí más canario que nunca. Descubrí parte de mis raíces y comencé a entender que aquellos 7 volcanes se proyectan en otros territorios que nos complementan y terminan de definirnos.

Luego comenzaron mis viajes a Colombia para visitar mi nueva familia pero siempre tratábamos de parar unos días en Caracas para estar con mi familia canaria y venezolana.

Hoy, tengo la suerte de estar destinado en Caracas, junto con mi familia. Para Paula y para mí fue muy fácil elegir Venezuela. Lo deseábamos. Ella sabía la ilusión que yo tenía por sentirme canario y disfrutar de mis raíces en el extranjero. O mejor dicho, solo a 10.000 kilómetros de distancia, pues esto no es el extranjero. Esto es Canarias. Esta es mi tierra. Y la Virgen de Candelaria es nuestra patrona.

5. Quiero señalarles, pregonarles por último, que tenemos la responsabilidad moral de transmitir a nuestros hijos y generaciones futuras el sentimiento de la devoción a la Morenita, el amor por nuestra tierra –Venezuela y Canarias- y ser fieles a nuestras costumbres y tradiciones.

-Que ella nos proteja y nos ayude a superar las dificultades en este año 2014.

-Que la candela que lleva en su mano sea la luz que guíe nuestros pasos en la vida y que el Niño que lleva a su derecha sea el motivo central de nuestras vidas. ¡FELICES FIESTAS DE CANDELARIA!

Semblanza de Moisés Morera

El 25 de enero de 2014 el consejero Cultural de la Embajada de España en Venezuela, Moisés Morera Martín, fue el encargado de presentar el Pregón anunciador de las Festividades en honor a la Virgen de Candelaria en el Décimo Aniversario de la entronización de la Virgen de Candelaria en el Hogar Canario Venezolano de Caracas (HCV). Moisés Morera fue la primera persona que discursó acerca de la devoción a la Patrona de Canarias en Caracas y, como no podía ser de otra manera, es un canario que ha llevado y continúa llevando la identidad isleña por numerosos lugares del mundo. Morera Martín nació el año 1975 en Santa Cruz de La Palma. Muy joven emigró de su isla natal para continuar sus estudios en la universidad de Deusto, Bilbao, en donde obtuvo la licenciatura en Derecho. Desde esa fecha hasta la actualidad su capacidad intelectual y su actividad profesional le han permitido desempeñarse en cometidos de importancia para España y para el conjunto de los españoles que viven en el exterior.

A pesar de su juventud, profesionalmente ha ocupado cargos de relevancia en el Ministerio de Relaciones Exteriores tanto en España como en diferentes países. En 2008 estuvo destinado en el Consulado de España en Bogotá para finalizar su formación diplomática. Al año siguiente fue nombrado cónsul y agregado Cultural de la Embajada de España en El Salvador. En 2011 lo designaron jefe de la Oficina Diplomática de España en Sudán del Sur y desde agosto de 2012 su destino fue Venezuela para ocuparse de la Consejería Cultural de la Embajada de España. Al llegar al país sudamericano dijo “sabía que me iba a encontrar muy cómodo aquí porque soy canario”. Y es que Morera, como muchísimos isleños, ya conocía Venezuela, pues había estado en otras oportunidades de las que destaca su corresponsalía de servicios informativos en radio para cubrir el desarrollo de las elecciones presidenciales de diciembre de 1998. Cuando llegó con el cargo de consejero Cultural en agosto de 2012, su primera visita oficial a un centro social español fue al HCV. En esa reunión dijo que sus objetivos eran llevar la cultura española no solo a Caracas sino al interior del país y además involucrar a los centros españoles para que la relación fuera más participativa entre los españoles y venezolanos. Sus objetivos se han visto cumplidos según la agenda anual pues España ha estado presente en festivales de cine, de fotografía, de literatura, música, poesía y otros géneros. Uno de sus mayores éxitos fue su gestión para que en 2013 los canarios y venezolanos disfrutaran del concierto que ofreció el grupo folclórico Los Sabandeños como regalo de la Embajada de España al Complejo Cultural Teresa Carreño en sus 30 años, el mejor teatro de Venezuela.

La noche del 25 de enero de 2014, el Salón principal del HCV, la Casa Grande de los canarios en Venezuela, recibió con entusiasta expectativa a la primera persona que pregonaría sobre la Patrona de Canarias, el diplomático Moisés Morera. En el transcurso de su disertación cautivó al público con su particular manera de transmitir la devoción a la virgen, las costumbres canarias y venezolanas, así como el vínculo indisoluble entre ambas culturas desde la colonia hasta la actualidad. El auditorio en pie reconoció su intervención con una larga ovación.