Mis vivencias sobre el motovelero “Telémaco” . Parte II

Rosendo Fragoso Lugo. Día 4-07-2014

Podría ser el mes de octubre, de 1.950 el Pueblo de Agulo-Gomera, estaba triste y muy preocupado sin recibir noticias de los familiares emigrados en el “Telémaco” a Venezuela. Estaban muy nerviosos por la cantidad de días sin saber de sus seres queridos y pensando siempre en lo peor. Mi padre fue Agente Postal durante muchos años en el Pueblo de Agulo. Una vez por semana venia el Correíllo “La Palma” y a veces el “León y Castillo” con la correspondencia y el pasaje para toda la isla, procedente de Santa Cruz de Tenerife y retornaba el mismo día a las 12:OO horas, fondeando en la bahía de San Sebastián porque aún no habían construido El Muelle. El día que llegaba El Correíllo a La Gomera, con la correspondencia, si no mal recuerdo, era los jueves, ese día le ayudaba a mi padre a clasificar las cartas por barrios. Solíamos tardar casi media hora en clasificar las cartas, y la gente afuera en la calle se impacientaba cada vez mas. Yo calculo que habrían unas 150 personas o más esperando noticias de Venezuela. La Oficina Postal de Correos estaba ubicada precisamente en los bajos de nuestra casa, en la calle principal del pueblo y hasta allí tenía que venir El Cobrador de La Guagua (autobús) con la saca de color amarillo al hombro, a medida que avanzaba hacia la Oficina de Correos se le iban uniendo personas del pueblo, aquello parecía una procesión. Cuando el Cobrador llegaba a la Oficina de Correos ya allí había muchas personas esperándolo. Cuando mi padre abría La Ventana que da a la calle para empezar a repartir las cartas una por una la gente se movía, dándose hasta algunos empujones por estar cerca de la ventana. Una vez repartidas casi todas las cartas se podía oír en la misma calle, gritos de júbilo, se podían ver caras alegres y contentas, palabras de agradecimiento , gracias a Dios, y a la Virgen de Las Mercedes, eran las primeras noticias que se recibían de Venezuela de sus padres, esposos y hermanos, donde les narraban toda la odisea del “Telémaco” las peripecias que pasaron, las tormentas en alta mar, la escasez de agua y alimentos etc., y por fin la acogida que les dio Venezuela, pues hay que recordar que fueron sin Pasaporte y sin Visado. Me acuerdo como si fuera hoy, como al rato de mi padre haber repartido todas las cartas, la calle estaba casi vacía pues ya casi todos se habían marchado para sus casas bastantes más tranquilos, de repente oímos que alguien estaba tirando voladores (cohetes) no muy lejos de donde yo estaba enseguida me di cuenta que salían de la Casa de Dña. Teresa Suarez Febles, cuyo esposo don Ramón García, (ambos fallecidos) era uno de los pasajeros del “Telémaco” Enseguida me acerqué corriendo a su Casa la cual estaba situada frente a donde vivía don Domingo Izquierdo Bravo, Juez de Paz, o sea la Casa que fue de Dña. María Mora, Q.E.P.D., la cual me acuerdo también que tenía unos cuantos escalones muy altos para subir hasta la casita y donde don Domingo Izquierdo Bravo solía sentarse todas las tardes. En pocos minutos aquella Casa se llenó de familiares y amigos entre ellos estaba yo como un curioso más del pueblo, para oír de boca de Dña. Teresa Suarez Febles, las noticias recién recibidas de su esposo, narrándonos la gran odisea que su esposo pasó, abrazada a sus dos hijos Chely y Ramón, ya algo más tranquila y dando gracias al todopoderoso por haber ayudado a su marido a llegar vivo a Venezuela.