3 julio, 2020

El desconfinamiento precipitado podría reactivar la cadena de contagios por coronavirus

Antonio Álamo Lima
CEEM. 16 de abril de 2020

Transcurrido más de un mes desde la publicación del decreto del 14 de marzo en España por el que se declaró el estado de alarma para la gestión de la situación de crisis sanitaria ocasionada por el COVID-19 que confinó a la inmensa mayoría de la población en sus hogares y limitó la libertad de circulación, no había observado hasta esta semana tanta relajación en el cumplimiento de la norma.

Desde la “atalaya” en la cual me veo encerrado hace más de cinco semanas por órdenes gubernamentales he podido observar que, durante las cuatro primeras, la comunidad que me rodea se ha mantenido en sus domicilios, ha habido escasa circulación vehicular y se ha apreciado que las personas solo han abandonado su refugio de forma muy puntual, quizá para ir a la farmacia o al supermercado.

Me asomo a las ventanas dos veces al día, en la mañana para aprovechar un rato los rayos del astro rey y por la tarde cinco minutos para unirme a un considerable número de vecinos que aplauden en apoyo a aquellos que luchan a brazo partido para que el “coronado” desaparezca de la faz de la tierra, a la vez que recuerdan a tanta gente que nos ha abandonado en esta inesperada lucha.
Hasta hace unos días, siempre había observado el cumplimiento fiel a las instrucciones recibidas: calles solitarias con apenas vehículos y peatones. Este había sido el escenario al cual estábamos acostumbrados, pero esta quinta semana las cosas han cambiado, desconozco si para bien o para mal, eso el tiempo lo dirá.

Este lunes el tránsito de vehículos y de gente por las calles es mucho más fluido que en días y semanas anteriores.  Se aprecia un considerable incremento de autos, motos y de unidades de carga con todo tipo de mercancías, incluyendo cemento y materiales que se supone van destinados a alguna residencia y no precisamente a lugares deshabitados.
Si esta situación podría considerase preocupante, también lo es que la inmensa mayoría no lleve ni guantes, ni máscaras, ni ningún tipo de protección. Parece como si pensaran que la alarma ya pasó y que no es necesario tener tanta precaución.

Ayer en Canarias hubo tres víctimas mortales y once nuevos contagiados. Sin frivolidad alguna y con todo el dolor que causa un fallecimiento, diríamos que son pocos si comparamos con el resto de España, pero estas estadísticas no deben invitar en ningún modo a la distensión, porque ¿Qué pasaría si regresara una segunda ola del Covid-19?  ¿de que habrían servido los días de reclusión? 
Hasta el momento el Gobierno de Canarias ha afrontado esta crisis sanitaria podríamos decir que de manera ejemplar, trabajando constantemente por superar las situaciones adversas que se les han ido presentando. Pedimos a los encargados de velar por el bienestar de todos, que no descuiden el cometido que tan bien han llevado a cabo hasta que esto solo sea un mal sueño.