16 enero, 2021

La reina Ico, leyenda de una noble lanzaroteña

CEEM. JBQ.

Antonio Álamo Lima
CEEM. 10 de noviembre de 2020


Cuenta la tradición que, durante la conquista de Canarias por los castellanos, llegó a las costas lanzaroteñas una embarcación comandada por Martín Ruiz de Avendaño.

Los oriundos de la isla no acogieron de buen grado la presencia de estos forasteros y se dispusieron para la lucha, pero los navegantes dieron muestras de acercarse en son de paz, por lo que el rey Zonzamas aceptó que atracaran en sus costas.

Zonzamas les ofreció Acatife, uno de los principales núcleos de población, para que descansaran y se sintieran como en su casa. Además, según sus costumbres, como muestra de buena acogida a los extranjeros, ofreció al jefe de la expedición pernoctar con su mujer, la reina Fayna.

Después de descansar unos días, los visitantes abandonaron la isla rumbo a la península ibérica. Por su parte, los pobladores de Acatife continuaron su rutina diaria, pero pasado un tiempo, comenzaron a observar con cierta intriga que la reina presentaba un abultamiento en su abdomen, incógnita que se desveló cuando a los nueve meses de la visita de los navegantes dio a luz a una bella niña de piel blanca, ojos azules y rubios cabellos, a la que pusieron por nombre Ico.

Tanto el alumbramiento como el físico de la bebé constituyó motivo de murmuraciones entre los habitantes de la isla. Comentaban lo poco que se parecía a su padre y lo mucho que hacía recordar al capitán Avendaño. Tampoco encontraron parecido con su madre ni con su hermano Timanfaya, quien, a la muerte de sus padres, fue proclamado rey en una asamblea general.

La pequeña niña creció sana y fuerte, se convirtió en una de las jóvenes más bellas y atractivas de la isla, y como era costumbre se casó con el noble de nombre Guanareme.

Poco tiempo después de este acontecimiento, regresaron otros forasteros a Lanzarote, pero con crueles intenciones y una única misión, la de llevarse como esclavos a varios nativos.

Causa por la que en esta oportunidad sí hubo conflicto. Una dura batalla en la que muchos de los lanzaroteños fueron capturados y esclavizados. Entre ellos, el propio Timanfaya, quedando así vacío el reinado. Este hecho suponía la elección de un nuevo rey que, debería ser Guanareme, lo que significaría aceptar la nobleza de su esposa Ico, quien era objeto de duda sobre su naturaleza noble ante la posibilidad de que fuera descendiente de aquellos conquistadores que tanto daño estaban ocasionando ahora.

Ante estas interrogantes surgieron diversas respuestas y opiniones y, después de muchas deliberaciones, llegaron a la conclusión de que era conveniente realizar una prueba para demostrar si la joven era hija de Zonzamas y, por tanto, merecedora de acompañar a Guanareme en el cargo que le correspondía.

Cuenta la leyenda que, para comprobarlo, encerraron a la princesa en una cueva en compañía de otras tres mujeres de su servicio. En la puerta quemaron ramas verdes que llenarían de humo el recinto durante un largo periodo de tiempo. De esta manera, si Ico sobrevivía, era signo evidente de que por sus venas corría sangre real. Entretanto, Uga, la partera de Fayna y niñera de Ico, al despedirla le entregó una esponja mojada con agua para que dentro de la se la colocara en su boca.

Así lo hizo. Al comenzar a entrar el humo en la cueva, Ico pudo soportar el continuo humo hasta que los consejeros entraron y la encontraron viva, mientras que las otras tres mujeres habían muerto.

Por fin Ico fue coronada reina de Lanzarote junto a su marido y nunca más volvieron a dudar de ella, a pesar de ser rubia y tener una piel clara.


Otra versión de la leyenda narra que el esposo de Ico era también su hermano, de aceptación general en esa cultura, con quien tuvo un hijo, Guadarfía, que, a la muerte de su esposo Guanareme, se convertiría en heredero.

El deceso de Guanareme fue la ocasión que aprovechó un contrincante de su familia para reclamar el trono con el argumento de que Guadarfía no era noble dado que su madre Ico era descendiente de aquellos conquistadores que tanto daño estaban ocasionando a los lanzaroteños.

Los sabios del lugar concluyeron que era necesario sometterla a la prueba del humo con el mismo resultado favorable y por tanto su hijo pudo gobernar.