Tradiciones de las Islas Canarias, la cestería de mimbre

El arte de la cestería llegó a las islas Canarias con los peninsulares (gallegos y extremeños) y portugueses de Madeira. La materia prima para la confección de cestos de mimbre se obtiene de las mimbreras silvestres que crecen en las laderas de las zonas más húmedas y que cuidan  los cesteros durante el año. La cestería de mimbre es un oficio eminentemente familiar y masculino, pues pocas mujeres dedican su tiempo a este oficio. Se ejerce en los ratos libres, cuando lo permite el trabajo regular. La elaboración de los cestos y similares generalmente se realiza como complemento económico, no como única fuente de trabajo. El cestero ejerce su función durante todo el año porque así se lo exige la base fundamental de las piezas que crea, como es el mimbre. Debe podarlo para que la planta silvestre no muera. Más tarde, durante los meses de febrero y marzo,  en algunas zonas se recoge en octubre, lo recolecta;  lo pone en remojo para flexibilizarlo,  después lo deja secar apoyado en la pared, lo agrupa y almacena en lugares protegidos del sol directo hasta que esté listo para ser usado. Una vez preparado el material, el cestero se sienta en un lugar de la casa de dimensiones considerables para la movilidad de los elementos y utensilios a los que es necesario añadir la caña por ser otro elemento de la cestaría canaria que se combina con el mimbre para la confección del cesto. Comienza su trabajo, como es natural, por la base, luego forma las paredes, generalmente combinadas con caña, a continuación las asas, y finalmente el remate del borde. De esta manera puede dar por finalizada su obra: un cesto, sereta o canasta. Cualquiera de estos objetos es una obra de arte, fue hecho con habilidad, imaginación y creatividad auténtica canaria. Es indiscutible que el cesto canario es identificativo de las islas. En los últimos tiempos hay escasez de mimbreros y de mimbres. Esto se debe fundamentalmente a factores económicos. La materia prima ha sido sustituida por el plástico y otros materiales más económicos y resistentes, lo que ha ocasionado que el tradicional recipiente canario pase a un segundo plano. Podría decirse que ahora es un artículo ornamental en las casas canarias, más que un instrumento de trabajo o de uso diario como lo fue hasta mediados del siglo XX.