Un recorrido por el municipio de Tijarafe en la isla de La Palma

Desembarcaremos en Santa Cruz de La Palma y nos dirigiremos hacia el oeste. Podremos hacerlo por la costa, si bajamos hasta el extremo meridional, en Fuencaliente, y a continuación subimos hasta pasar la mitad de la isla, o podremos atravesarla por el centro, Breña Alta, el Paso y otros pueblos. Eso depende de la prisa que tengamos o del paisaje que prefiramos, si es costero o de montaña. Llegaremos a Tijarafe, el único de los 14 municipios de la isla que mantiene su nombre aborigen, territorio que se extiende desde el monte hasta la costa conformado por sus cuatro barrios, primero pasaremos por el de La Punta, el más populoso y el de más despunte económico, gracias a las bondades del regadío; le sigue el Barrio de El Jesús, uno de los más afectados por la, también el Barrio de Aguatavar y el de Tinizara que es el más norteño del municipio. Y en medio de El Jesús y Aguatavar se encuentra el barrio de El Pueblo, como también le dicen a la capital, que por cierto ha tenido varios nombres: Tijarafe, Candelaria y El Pueblo que es como generalmente lo llaman. Antes de llegar ahí, pudimos ver uno de los accidentes geográficos que han definido el paisaje del municipio a lo largo de la historia: El Time, en el barrio de La Punta, es un gran risco de volcán renegrido con el imponente barranco de Las Angustias en las profundidades, El Time es reconocido como un mirador espectacular de El Valle de Aridane y de la Caldera de Taburiente También tiene Tijarafe la Cueva Bonita, una caverna mágica con dos bocas de entrada en cuyo fondo hay una pequeña playa de callaos en la que se puede desembarcar en marea baja. La capital En Tijarafe nos detendremos. Se encuentra en las medianías, al pie del monte, alejada del litoral, en lugar alto y privilegiado pues de todas partes siempre los lugareños pueden divisar la lejanía. Ven el mar a la vez que sienten el fresco de la bruma que recorre sus altitudes y latitudes. Es un pueblo bonito, con edificaciones tanto tradicionales como modernas, de calles asfaltadas y calzadas empedradas. Una de esas calzadas nos lleva a la iglesia parroquial de la Candelaria que se encuentra erigida mirando al mar en una pendiente, con un balcón canario en su fachada y ventanas igualmente de la arquitectura isleña que forman una edificación con dependencias anexas y el único campanario externo de parroquia que hay en la isla y por supuesto no puede faltar la plaza que la rodea y la balaustrada que sirve de mirador. Destacamos, además de la iglesia, el ayuntamiento, una edificación canaria moderna construida con una plaza ubicada donde estaba el camposanto. Antes estuvo en otros edificios, el primero el de El Pósito. El ayuntamiento tiene enfrente un monumento al salto del pastor donado por un tijarafero, Antonio Castro Cordobés, actual presidente del Parlamento de Canarias. Si recorremos los caminos de El Pueblo podremos observar la limpieza de sus calles y calzadas. Comprobaremos que es un conjunto poblacional de aspecto sobrio a la vez que alegre; con casas blancas típicas canarias, aunque ya las hay pintadas de colores.

Costumbres, tradiciones e influencia de la emigración

Hemos recorrido Tijarafe, ahora comentaremos someramente cómo ha sido la vida de los tijaraferos. Sobre las costumbres de los aborígenes hay pocas referencias, destacamos la alimentación con cereales, el gofio y la raíz de helecho alimento usado sin cambios hasta el siglo XIX. Tradicionalmente ha sido una localidad agrícola, ganadera, y de montes de los que obtenían leña, pinillo, pastos o madera. Desde el siglo XVI hasta mediados del siglo XX el cultivo que predominaba era de secano, los cereales garbanzos, lentejas y almendros. A la vez, cultivaban para la economía familiar legumbres, árboles frutales (peras, almendras, higueras), vid y productos de la huerta. Tijarafe estaba considerado como el granero de La Palma, los lugareños contaron con la molina de El Pueblo que proporcionaba el gofio y además la electricidad al casco del municipio. A pesar de producir con cierto rendimiento económico, la subsistencia de sus habitantes no siempre ha sido fácil. Hacia las primeras décadas del siglo XX las finanzas, que ya venían resentidas, se encontraban pasando por momentos de dificultades, los agricultores dependían de las condiciones atmosféricas, era dura la vida de los campesinos porque dependían del tiempo y del agua que escaseaba. Esta fue la época en que comenzaron las emigraciones hacia Cuba, las familias se dividían, los esposos se iban, las mujeres se quedaban para asumir su rol de cabeza de familia al cargo de la casa, de los hijos y de la economía del hogar. Esta emigración pronto daría resultados beneficiosos para muchos emigrantes: comenzaron a llegar las remesas al pueblo y comenzaron la comprar propiedades. Empezaron así los lugareños a producir sus propias tierras porque antes la mayoría era medianera de los propietarios foráneos.

Con la mejoría económica pudieron empezar a buscar soluciones al problema del agua, al principio la llevaban de otros lugares y es en los años 30 cuando llega al barrio de La Punta. Es una mejoría económica para el municipio pero continúa la emigración en las décadas sucesivas, no a Cuba, sino a Venezuela lo que contribuye definitivamente al auge de Tijarafe. Después en los sesenta se construye el canal de Minaderos y da agua la galería El Caboco. El agua, prodigiosa como siempre, modifica la vida de los lugareños y también cambia el paisaje porque comienza el cultivo del plátano.

Campos de plataneras en Tijarafe

Podemos ver las grandes extensiones de plantaciones de plataneras y en medio de ellas embalses de agua. Da inicio la producción comercial y el verdadero desarrollo de Tijarafe

Al agua se agregan las vías de comunicación. En 1942 con la carretera general de circunvalación del sur al casco y las redes de pistas, los desplazamientos se van haciendo con más facilidad y se produce una aceleración en el adelanto del pueblo. Igual que el agua y las comunicaciones, la electricidad fue fundamental para el progreso de la zona.

La luz llega al casco en 1947 y en la segunda mitad del siglo XX se electrifica toda la jurisdicción. Estos avances permitieron que el municipio se desarrollara más en unos 50 años que en los cuatrocientos anteriores. La vida en Tijarafe con unos 3000 habitantes, no ha sido fácil pero no ha sido obstáculo para que sus habitantes siempre hayan participado en sus tradicionales fiestas, como la Cruz de Mayo que estuvo suspendida y han procurado recuperarla; la de su patrona la virgen Candelaria, el 2 de febrero; la Natividad de María, el 8 de septiembre, celebración que es reconocida por todos los palmeros, tanto que se desplazan la noche anterior para ver la fiesta y los fuegos con la danza del diablo. También son los tijaraferos amantes de la poesía oral, especialmente del punto cubano que llevaron los que regresaron de su emigración a la isla caribeña y encanta versear en reuniones de vecinos, aunque hoy esta práctica ha decaído un poco. Hay folclore y en deportes actualmente prefieren el fútbol sobre la lucha canaria como ocurre en todas las islas. Hay un buen centro escolar y un centro de salud. Es un ayuntamiento que cuenta con todos los servicios, muestra de ello es que en los últimos años ha crecido el turismo de gente en búsqueda de tranquilidad. Hemos recorrido someramente Tijarafe. Si vistan este municipio del noroeste de la isla de La Palma descubrirán nuevas estampas que les sorprenderán.

Josefina Benítez.

Bibliografía: Pérez Pérez, Antonio. La Historia de Tijarafe. Colaborador, Antonio Jiménez.