17 octubre, 2021

Reyes Álamo comenta sus experiencias en El Hierro: «The End Route»

Un inolvidable recorrido en moto por la Isla del Meridiano

Reyes Álamo
CEEM. Martes, 14 de septiembre de 2021

El Hierro: The End Route

Una experiencia motera es muy diferente a muchas otras cosas. Siempre he dicho que si es para ir de un sitio a otro, uso carro o coche –como prefieran- pero si es para pasear, para sentir nuevas sensaciones, nada como una moto. Y me he hecho casi adicto a esta “amiga”, que ya sea en solitario, acompañado de mi eterna acompañante, y valga la redundancia, o con un grupo de amigos, me ha llevado tanto en Venezuela como en estas islas Canarias o en mis paseos peninsulares, a distintos sitios, con una visión más global del entorno y los aromas y perfumes de campos y paisajes.

Ir en moto es otra cosa: ya he recorrido la península desde Madrid a Lisboa pasando por sus provincias intermedias y también desde Madrid al País Vasco superando los Picos de Europa y bajando por una de las vías más preciosas que he visto en mi vida y que repito a quien lo quiere escuchar: desde Potes en Cantabria hasta Asturias en mi criterio está una de las rutas más bonitas. Bajar por una garganta, protegido por paredes de muchos cientos de metros de altura, con una carretera que es marcada por el cauce de un rio puro y cristalino, es inolvidable.

Pero bueno, dejemos lo pasado que pasado está, y bien recordado y disfrutado, y metámonos en la Ruta del Fin de Mundo, The End Route como las llamaron sus organizadores.

Viaje a El Hierro

Los organizadores de esta ruta por la Isla de El Hierro fueron los Chapters (grupos motorizados) de Tenerife y Las Palmas en conjunto con moteros de El Hierro encabezados por el señor Juan Abascal, miembro de la Guardia Civil.

A través de la gente de Tenerife recibí la invitación para participar de ese fin de semana del 10 al 13 de septiembre. Ellos se encargaron de todo.

El viernes en la tarde salimos desde el Puerto de los Cristiano en Tenerife unas 40 motos. Ya el día anterior habían partido unas cuantas al igual que en otro ferry que hubo esa misma mañana. Teníamos que salir a las 5,30 de la tarde pero no fue hasta las 6,25 que partimos. Un retraso de casi una hora, y lo que iba a ser una travesía de 2 horas y 30 minutos se convirtió en una de más de tres horas. Problema ninguno, lo único que ya llegamos al Puerto de la Estaca con noche bien cerrada, casi a las 9,40.

Saliendo del barco nos esperaba el amigo Juan Abascal que nos pidió nos fuéramos a los hoteles reservados: unos al Parador Nacional de Turismo en Las Playas, otros al Tamaduste, algunos a La Caleta, a Valverde y hasta a Frontera. Eso sí, se nos indicó que al siguiente día teníamos que estar a las 9 de la mañana en Valverde.

Primer día: De Valverde a El Faro de Orchilla

A las 9 ya estábamos frente a la iglesia de Valverde casi todos. Bueno, o casi, porque siempre tenemos a los dormilones que llegaron cuando ya casi nos disponíamos a partir. Hubo palabras de los organizadores de la ruta y también de las autoridades del Ayuntamiento de Valverde, su alcalde y las concejalas de Turismo y Cultura. Intercambios de presentes y de ahí salimos rumbo al Faro de Orchilla, que como se sabe antes de que los ingleses se apropiaran de él con el nombre de Greenwich, era el Meridiano cero, el que marcaba el fin –o el inicio- del mundo, el punto más occidental de la tierra por entonces conocida.

Salimos por la vía derecha de la iglesia, bajamos hacia el instituto y atravesamos el barrio de El Cabo hasta el cuartel de Asabanos. Por la carretera general cruzamos la calle principal de Valverde y ya en San Juan tomamos la llamada Carretera Nueva  para al final de esta, en Santiago, torcer al lado derecho y coger la carretera de Echedo pero sin entrar a Echedo, sino directos hacia Tenesedra, El Mocanal, Erese, Guarazoca y subida por la carretera que lleva a El Garoé hasta San Andrés. Seguimos hasta Isora y por una carretera por la que yo nunca había estado subimos hacia el monte de El Pinar. Carreterita estrecha, con muchas curvas, subidas pronunciadas y que con esas máquinas tan pesadas hay que extremar las precauciones.

Cruzamos por la llamada Hoya del Morcillo y enfilamos hacia El Faro de Orchilla. Paisajes variopintos: desérticos, volcánicos o arbolados como el Monte de El Pinar. Ya la carretera de El Faro está totalmente asfaltada, la última vez que estuve por allí había un trecho grande de tramos de tierra o gravilla, nada recomendable para andar en moto, a menos que se trate del Rally de Dakar. Ah, bajando poco después del desvió que lleva a  la Ermita de la Virgen de los Reyes, de 60 motos (eso calculo, nunca las conté) fue a mi al que una cabra que por allí andaba suelta se le ocurrió pasar por delante. Vaya susto, menos mal el freno respondió.  Llegamos hasta el final de esta vía y  el Ayuntamiento de El Pinar nos había preparado unos toldos para resguardarnos del sol. Con agua, cervecita fría, unas quesadillas deliciosas –dulce típico herreño-  y hasta música ambiente. Fue de agradecer sobre todo el agua porque en todo el camino hubo un sol de armas tomar, calor –el termómetro no bajaba de 30, y encima de una moto se nota más-.  Algunos aprovecharon para darse un chapuzón en el muellecito a donde llegaron las piedras procedentes de Arucas en Gran Canaria, que transportadas en camellos sirvieron para construir el Faro de Orchilla desde 1920 hasta 1930, aunque no fue hasta 1933 que emitió su primera luz guía de navegantes.

Un par de horas departiendo y conociendo gente y salimos de vuelta, con parada en el propio Faro para que el dron hiciera tomas que permitirán montar el video que irá a grupos moteros de toda Canarias, resto de España, Italia, Francia, Bélgica, Alemania y Estados Unidos, según me informaron. Es más, se nos dijo que desde hace tres meses un americano creo que de Texas tenía todo preparado para venir pero al final se le complicó la vida. Imagino las complicaciones para traer una moto desde Estados Unidos hasta El Hierro.

Regresamos por la misma vía y ya en la Hoya del Morcillo en vez de bajar hacia la carretera de El Pinar subimos hacia la de La Cumbre (el Bailadero de las Brujas). Nos acercamos al nuevo Mirador de Jinama con descanso de media hora y por la llamada carretera de las Montañetas bajamos hasta la que une La Peña con San Andrés (esa, la del  Garoé) y seguimos hasta Frontera bajando por la cumbre. Ese tramo fue una delicia porque entre arboles el termómetro descendió a unos 25 grados. 

Ya en Frontera, o el Golfo como lo llamábamos antes, aparcamos las motos en una plaza de Tigaday donde el Ayuntamiento nos invitó a una frías, un almuerzo bien sabroso y nos amenizó la tarde con un conjunto de rock tremendo.

Cansado ya de tanto kilómetro en moto, horas de recorrido y paradas, arranqué para mi hotel no sin antes pasar a darle un beso a la única hermana de mi madre que sigue viva, mi tía Rosa allá en Las Lapas, uno de los barrios de Frontera.

Con los Roques de Salmor de fondo –o mejor dicho, de frente- tomé la carretera para mi hotel para recuperar fuerzas y prepararme para la jornada del día siguiente. Parece que no por lo pequeña que es la isla de El Hierro (278 kms cuadrados) pero si se hacen muchos encima de la moto, no dejando sitio que ver y carretera que recorrer. Soy herreño y me precio de conocer muy bien mi isla, pero en verdad me llevaron por senderos por lo que nunca había pasado, no sé si por ser nuevos o porque nunca me había dado por usarlos.

Segundo día: Del Tamaduste hasta ….

La concentración a las 9 de la mañana fue en El Tamaduste, un balneario situado a unos 10 kilómetros de Valverde que hace unos años era el lugar de veraneo de la gente de La Villa y que ya hoy es el hogar habitual de muchos de ellos, teniendo en este caso como segunda vivienda la que antes era la principal.

Ahí paramos las motos en el  llamado sistema batería para que la gente pudiera verlas y hacer fotos. Especialmente los niños eran los que más encantados estaban. En la mía no sé cuántos se montaron para hacerse instantáneas. Allí me encontré con amigos de la infancia y con primos hermanos que viven fijo o que desde Tenerife van a pasar temporadas.

Nos obsequiaron café, quesadillas, agua y cuando el guía-jefe anunciaba “en 15 minutos salimos” o “prendan motores que en dos minutos nos vamos” eran las 10,30 de la mañana.

Seguía el calor, y desde El Tamaduste subimos a Valverde, cruzamos nuevamente la calle principal y saliendo por San Juan seguimos rumbo a San Andrés. En esta vía, más arriba de Ajares, pude al fin comprobar mi hipótesis de que yo en mi vida anterior fui pingüino. Después de tantos días y kilómetros de calor sofocante nos apareció una bruma por momentos tan espesa que la visibilidad no iba más allá de 15 o 20 metros, pero tan refrescante y tan deliciosas que me sentí en El Paraíso.

Cortamos esa neblina con las motos y subimos por la carretera de El Pinar pero antes de llegar al monte tomamos la vía hacia Isora para disfrutar desde su Mirador de la zona de Las Playas, donde está ubicado el Parador Nacional. Llegamos y la bruma no permitía ver nada, pero debe ser que con el ruido de las motos se asustaron, porque a los 15 minutos de estar allí todo se había despejado y pudimos disfrutar de uno de los paisajes más bonito de El Hierro.

Una hora más o menos en el lugar, el dron grabando todo y arrancamos hacía Isora, San Andrés y bajada hacia el Mirador de la Peña (si por la vía  de El Garoé). El destino final era el Balneario de Sabinosa y su famoso Pozo de la Salud. Pero éste que les echa el cuento, en la Iglesia de San Pedro en El Mocanal dejó el grupo, se convirtió en lobo solitario, y se fue en búsqueda de un restaurante por los lados de Timijiraque a comer con un primo hermano (el que le pega a la familia se arruina).

Una tarde deliciosa con mi primo David Álamo, su esposa y sus hijos. Comimos de maravilla y después de hablar de lo humano y lo divino nos despedimos hasta la próxima.

El grupo motero fue como dije hasta el Balneario de Sabinosa y más tarde otra vuelta larga hasta La Restinga. Ya en la noche terminó la fiesta.

Vuelta a casa

El lunes hubo que madrugar, solo a un noctámbulo se le ocurre poner un ferry a las 7 de la mañana y obligarte a estar unos 45 minutos antes en el muelle. Ello me hizo ponerme las pilas a las 5 am, pues en una moto los preparativos no son igual que en un coche (o carro si lo prefieren). No solamente es que la vestimenta es diferente (por protección), con chaqueta, casco, guantes, botas. En un coche con una short y una franela sirve. Además en la moto tienes que amarrar el petate o mochila, distribuir las cosas, etc.

Pero bueno, todo tiene su precio. Esta vez el ferry si salió a tiempo y ya a las 7 en punto de la mañana estábamos despegando del Puerto de la Estaca rumbo al Puerto de los Cristiano en Tenerife donde en dos horas y media ya estábamos atracando.

Eso fue parte del regreso a casa, porque desde el sur de la isla hasta donde yo vivo en el norte hay unos 90 kilómetros[GRdA1]  que recorrí con toda tranquilidad.

Hacía tiempo que quería llenar una casilla pendientes de “cosas por hacer”:  “Vuelta motera a la Isla de El Hierro”. Listo, deseo cumplido. Hace unos años había ido con mi esposa en moto pero guardo malos recuerdos de aquella experiencia, fue en un mes de mucho viento y casi no pude andar en la moto por ningún lado y de regreso con olas de 8 metros en el ferry no se ni como llegué vivo. Esta vez todo fue diferente, como para repetir, quien sabe si en octubre acompañado de mi eterna acompañante. The End Route.



 [GRdA1]